Si Valle-Inclán hubiese tenido un blog de escritor

cafeteríaPara bien o para mal, los tiempos cambian. Internet ha demolido el mundo tal y como lo vivieron de niños nuestros padres. Yo no sé si es mejor lo de ahora o lo de antes. En realidad nadie lo sabe. Las grandes revoluciones de la humanidad siempre implican un cambio brusco, una evolución que muchos temen, pero que sin duda nos facilita la existencia a pesar de que tengamos que pagar un precio.

La resistencia al cambio es más grande cuanto más alejado está uno de la fecha en la que Internet entró en nuestras vidas. En este sentido, son más nostálgicos quienes más cartas manuscritas han ido a llevar a los buzones de correos, quienes más discos de vinilo —o cintas de casete— han escuchado, quienes más carretes de fotos han ido a revelar a los estudios de fotografía.

La literatura tampoco está exenta de esta nostalgia. Los autores que comenzaron escribiendo sus obras a mano con un bolígrafo o, como mucho, con una máquina de escribir, sin duda echan de menos el encanto sensorial de una época casi muerta. Ahora lo físico tiene una reproducción bastante lograda en el mundo virtual, aunque nunca será lo mismo para quienes vivieron en una época exclusivamente física, donde lo que no se podía tocar no existía.

Cafés literarios y blogs de escritores

Como tantas otras cosas, los cafés literarios han ido desapareciendo uno por uno. En Madrid, tras la agonía del famoso Café Comercial que terminó por echar el cierre el año pasado, ya sólo queda el Café Gijón como único superviviente de una época en la que las tertulias eran uno de los pocos medios de comunicación social. Con Internet, podemos decir que lo que sobran son precisamente medios de comunicación social. Las redes sociales son tantas y variadas que ya no es necesario acudir a un espacio físico común para conocer y dialogar con familiares, amigos o bien con personas que comparten los mismos intereses que tú (escribir y leer, en este caso). Obviamente, no es lo mismo. La experiencia sensorial siempre es más intensa que una comunicación virtual, pero Internet  permite que puedas hablar con un mejicano, un chileno y un español en el mismo espacio, algo imposible en una tertulia madrileña salvo que los interesados se desplacen hasta allí.

Pero las redes sociales también tienen otro defecto. Los comentarios suelen ser breves, y en muchos casos, ultra-breves (¿qué se puede decir en los escasos 140 caracteres de Twitter?). Por eso, de todos los medios de comunicación con que Internet nos ha ido agasajando, los blogs son los que desde mi punto de vista más se pueden parecer a las viejas tertulias donde los escritores divagaban sobre literatura. En los blogs de escritores, los autores hablamos de libros (propios y ajenos), reflexionamos sobre cientos de cuestiones relacionadas con la publicación, la escritura, la edición… Compartimos experiencias y recibimos comentarios de otros escritores que opinan como nosotros o que desean aportar distintos puntos de vista. En torno a algunos de estos blogs se forman verdaderas comunidades donde los comentarios fluyen sin restricciones de espacio y donde en general suele haber libertad de expresión (algún bloguero me he encontrado que puede borrar comentarios, pero no es lo habitual). Los temas que se tratan en los blogs literarios no deben de ser muy distintos de aquellos de los que se hablaba en las tertulias de los viejos cafés.

En un artículo de El Mundo que encontré hace poco, algunos escritores analizan los motivos por los que creen que han desaparecido los cafés literarios. Todos culpan en mayor o menor medida a Internet. A algunos se les nota un poco cabreados con el paso del tiempo, como es el caso de Fernando Sánchez-Dragó que va más allá y le echa la culpa “al afán devorador de Internet y a la estrechez mental de las generaciones venideras: ya no se sabe leer ni se sabe escribir”. Creo que no se puede generalizar de esa manera tan arriesgada y, aunque es cierto que muchos jóvenes no leen, hay otros que lo hacen con una frecuencia muy por encima de la media y si no, que se dé una vuelta por los numerosísimos blogs de reseñas literarias que circulan por la web.

Otros autores han sabido adaptarse a los avances tecnológicos, como es el caso de Arturo Pérez-Reverte, que junto con otros escritores bastante conocidos, mantiene una red social especializada en literatura llamada Zenda. De hecho, en la presentación de la web, el propio Pérez-Reverte lo explica:En un tiempo en el que la cultura y los libros atraviesan momentos difíciles, ¿por qué no crear un lugar nuestro, libre, independiente, donde reunirnos como si se tratase de un espacio público, cada cual con sus libros, sus comentarios o lo que esté en condiciones de aportar, unido todo eso a reseñas de libros interesantes, lecturas felices, columnas de opinión, blogs, recomendaciones, noticias y entrevistas?”.

Los cafés literarios han muerto en el sentido literal de lo que fueron, pero en cierto modo se han traslado a los blogs y a las comunidades que se forman en torno a ellos apoyadas por las redes sociales como Facebook, Twitter o Goodreads.

Si Valle-Inclán hubiese tenido un blog de escritor

Si Valle-Inclán hubiese nacido en 1980 y ahora tuviera unos treinta y seis años, quizás tendría un blog de escritor. No acudiría a las célebres tertulias literarias de las que era asiduo porque estas no existirían, pero tal vez sería un bloguero activo, brillante, ácido y aglutinador de masas. Daría su opinión aunque muchos no estuvieran de acuerdo con él y, como en los medios virtuales no es posible la violencia física, incluso salvaría el brazo amputado por gangrena que precisamente se dañó en una pelea en uno de esos cafés literarios que tanto frecuentaba.

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6 respuestas a Si Valle-Inclán hubiese tenido un blog de escritor

  1. Baumann dijo:

    Siempre de acuerdo con tus opiniones, Mayte. Lo que me gusta de tu blog es que abordas asuntos que, a pesar de conocerlos, vivirlos o padecerlos, los dejas un rato largo sobre nuestras conciencias. Un saludo y hasta otra.

  2. Nitocris dijo:

    Me parecen geniales las reflexiones que haces… y fantástica la forma de expresarlas. Por cierto creo que van a volver a abrir el Café Comercial… claro que ya no sé si será cómo antes.

  3. Me ha encantado la reflexión. Me encantan los puntos de vista que muestran respeto por el pasado y por el presente al mismo tiempo, sin caer en una nostalgia anquilosante ni en un fanatismo por el progreso.

    Me gusta ver los blogs como los ves tú, un punto de encuentro, una comunidad, donde compartimos, opinamos, nos emocionamos…
    Si las circunstancias lo permitiesen sería fantástico poder encontrarnos en persona para charlar. Pero a falta de pan, buenas son galletas.

    • Mayte Blasco dijo:

      Creo que no se debe demonizar a las nuevas tecnologías. Supongo que, como todo en esta vida, un buen uso de ellas aporta cosas muy positivas. Como por ejemplo, que la gente pueda conocer a otras personas con intereses similares más allá del espacio físico y del tiempo.

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