Vidas robadas

mujer camaSu cuerpo desnudo descansaba sobre la cama fatigado de miradas ajenas, de manos ansiosas, de tanto desgaste. Se llamaba Svetlana, aunque ya casi nadie la llamaba así. Cuando estaba sola, se entretenía observando las fotos de un pasado no tan lejano, recuerdos de una vida robada que creía irrecuperable. Cuando aquel hombre tiró la puerta abajo de una patada, apenas se inmutó. Estaba tan acostumbrada a la violencia que no fue la entrada agresiva lo que la turbó, sino la voz serena de ese hombre que la instaba a que se vistiera y le acompañara. Obedeció, asustada, y solo comprendió lo que sucedía cuando los vio a ellos, esposados, en un rincón de la sala, y a ellas, arropadas con sábanas, esperando con alegría contenida la llegada de su libertad.

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