Diluvio personal, de Miguel A. Molina

Una de las primeras personas que me inspiró para escribir microrrelatos fue el escritor Miguel Ángel Molina. Antes de leer su primer libro, 99 x 99: microrrelatos a medida, el género del microrrelato era muy desconocido para mí. Quién me iba a decir que tras su lectura yo misma empezaría a practicarlo hasta el punto de llenar este blog de decenas de microrrelatos.  Ciertamente, se trata de un género que se está haciendo cada día más popular pero que, a pesar de lo que pueda parecer a primera vista, no resulta tan sencillo. Cualquiera puede escribir un relato de 100 palabras, pero no todo el mundo consigue condensar una historia completa en tan poco espacio y sorprender al lector con ese giro final tan característico del género. Miguel Molina lo consigue una vez más en esta segunda colección de microhistorias que lleva por título Diluvio personal.

Como en su anterior recopilatorio, abunda el realismo social con numerosas historias cargadas de crítica y de denuncia: la pobreza, la emigración, la pederastia, la violencia de género o la prostitución son algunos de los temas que se deslizan entre sus páginas. La guerra aparece también en bastantes relatos, a veces aludiendo a conflictos concretos (la Guerra Civil Española, la II Guerra Mundial…) y otras veces como un ente abstracto y genérico. Me ha parecido encontrar en este segundo libro más historias sobre el amor y el desamor (en realidad más lo segundo que lo primero). Hay también muchos relatos que hablan sobre la soledad y sobre personas que no encuentran su sitio y buscan la felicidad con escaso éxito. Hacia el final del libro hay varios microrrelatos representados en forma de caligramas que me han parecido muy originales, así como un relato escrito como un jeroglífico en el que hace una reivindicación y un agradecimiento a sus amigos lectores.

La prosa de Miguel Molina es correcta, precisa, cargada en ocasiones de un tono nostálgico que resulta muy atractivo. Se observan figuras metafóricas recurrentes, como por ejemplo los trenes (gente que viaja en ellos y donde el tren es a menudo una metáfora del destino, la felicidad o la fatalidad). Aunque, sin duda, la metáfora por excelencia es la lluvia (y otros fenómenos atmosféricos). De ahí el título del libro (extraído del último microrrelato) y de las distintas partes en que está dividido.

Me han gustado muchos microrrelatos y me ha costado decidirme por uno para mostrar en esta reseña el trabajo de su autor. Finalmente me he decidido por el relato titulado “Sabiduría materna”, que es, además de una gran historia, un homenaje al libro y a su capacidad de “salvación”. Lo reproduzco a continuación con permiso del autor:

Su madre siempre quiso que aprendiera a leer, convencida de que algún día la cultura podría serle provechosa. Al estallar la guerra conoció en las barricadas a un profesor que entre ataque y contraataque le enseñó las primeras palabras. Y como la paz nunca llegaba, su amor por la literatura fue creciendo, así como el tamaño de las lecturas. Cuentan que en la Navidad del cuarenta una ofensiva enemiga lo sorprendió durmiendo, con un libro abrazado al pecho. Fue el único superviviente del batallón; el proyectil que llevaba su nombre se incrustó entre la página 675 y la 728.

 

7 comentarios en “Diluvio personal, de Miguel A. Molina

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