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mujer cama“He cambiado de idea. Ya no quiero el dinero”, dice la mujer desde la cama. El hombre la mira, impasible, y deposita sobre la mesilla de noche un maletín negro de cierres metálicos. “Lo mejor que puedes hacer es coger el dinero y cerrar la boca”, contesta él. La mujer llora en silencio. La cicatriz de su vientre está aún demasiado fresca. Si pudiera, se levantaría ahora mismo y saldría a buscarlo sin importar las consecuencias. De sus pechos grandes y doloridos emana un líquido transparente. Siente un vacío inmenso; el vacío de la vida cuando se marcha. El hombre da media vuelta y se dirige a la salida. Al abrir la puerta, el llanto desconsolado de un bebé se escucha en la distancia.

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Underground

metroLa película muestra a una mujer caminando sola por los pasillos de una estación de metro. Su edad incierta deambula entre los treinta y los cuarenta. El ruido de un tren circulando a través de un túnel interrumpe el apelmazado silencio de la madrugada. Dos jóvenes se cruzan con ella. Uno de ellos se gira de repente y tira del bolso que ella lleva colgado del hombro. Se resiste la mujer ante el estupor de los jóvenes; la ira prende en ellos como una antorcha. Uno la sujeta por la espalda mientras el otro consigue por fin arrancarle el bolso. No se conforman ya con el robo. Una patada. Dos. La mujer queda tumbada sobre el suelo sucio mientras los vándalos huyen.

Se produce un cambio de escena. Un hombre pasa junto a la mujer inconsciente. La mira, impávido, y después continúa su camino. La película termina y ella llora.

– Lamentamos no haber podido identificar aún a esos dos individuos -dice el uniforme sentado junto a ella.

– Ese hombre que mira y se marcha como si nada… -añade entre gemidos.

– Hay gente que no tiene humanidad…

Ella se levanta con torpeza apoyándose en la muleta.

– Ese hombre… es mi exmarido.

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Mi novio no sabía montar en bicicleta

bicis en la playaA diferencia de su hermano, mi novio no sabía montar en bicicleta. Me parecía triste y extraño que, siendo gemelos, uno supiera manejar una bici y el otro no. Aquella tarde nos fuimos juntos al sabinar. Había pocas cosas excitantes que hacer en aquella isla y una de ellas era pasear en bici hasta la cala escondida tras el bosque de sabinas. Hacía calor en la maldita isla, un bochorno denso y opaco. Nos bañamos en la cala los dos solos: yo y el gemelo que sabía montar en bicicleta.

Hoy, después de muchos años, he vuelto con mi marido a la cala del sabinar. Hemos pedaleado hasta allí atravesando el bosque y nos hemos bañado en las azules aguas de la cala. Mientras me besaba, he recordado con cierto aturdimiento. Tal vez ha sido debido a un golpe de calor, a una inoportuna insolación. “¿Te acuerdas? Fue justo aquí donde tú y yo por primera vez…”. Me ha mirado extrañado y he callado abruptamente. No, en aquella época mi marido aún no sabía montar en bicicleta.


Con este relato participo en el concurso de Zenda #historiasdebicis

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En el blog Divagaciones en rosa: “Las vidas que pudimos vivir”

La bloguera Sadire publica hoy en su blog una reseña sobre mi novela “Las vidas que pudimos vivir”. Todo mi agradecimiento a Sadire por dedicar su tiempo a leer mi libro y por escribir esta entrada sincera y entusiasta.

Una de las cosas que más me gustan de las vacaciones son esos tiempos muertos en los que aprovechamos para descansar de la playa, la piscina o el chiringuito. Unos se dedican a dormir la siesta, otros a ver dibujos animados y, yo, a leer.

Es así como he conseguido disfrutar de “Las vidas que pudimos vivir” de Mayte Blasco (blog, aquí). Resulta que esta novela ha sido todo un regalo, el cual he disfrutado durante tres días. Desde hoy, ya puedo deciros que me he convertido en su fan y, que esperaré con ansia una nueva publicación suya.

La sinopsis podría resumirse diciendo que es una novela donde la vida de cinco mujeres, muy diferentes entre sí, acaba entrelazándose por motivos laborales, pero esta novela es mucho más que eso.

Mayte consigue crear cinco perfiles psicológicos perfectos sin caer en estereotipos y profundizando de manera sublime…

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El sauce

reto escrituraTodos los días, la niña cruzaba el puente colgante para comprar fruta y leche en la tienda del otro lado de río. El tendero pesaba las manzanas en su balanza oxidada sin dejar de mirar las piernas morenas y flacas de la muchacha. Después, la niña deshacía el camino andado para volver a su casa, excepto aquel día en que no regresó nunca más.

“Dicen que fue aquí”, asegura la anciana, señalando las raíces de un viejo sauce llorón. “Con el rocío de la mañana, el sauce llora las lágrimas de la niña sepultada bajo la tierra”.


Con este relato participio en el reto de escritura de agosto de Lídia Castro.

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Felices vacaciones

marElla toma el sol tumbada en la hamaca, recostada frente a las aguas brillantes de ese mar verde y cálido. Él pasea por la orilla, pisando las marcas que graban las olas sobre la arena de la playa infinita. Después de comer, ella duerme una larga siesta en la climatizada habitación del hotel. Él se refugia bajo la sombra de una palmera y pasa las páginas de una anodina novela. Por la noche, a la luz de la luna, ella pide un combinado y él un whisky solo con hielo. Se sostienen la mirada. “¿Has decidido ya volver a dirigirme la palabra?”, pregunta ella. “Eres tú la que no quiere hablarme”, contesta él. “Fuiste tú quien se enfadó…”. Más tarde, ella se tumba en el extremo izquierdo y él en el derecho; ni siquiera se rozan en la inmensa cama. Mientras se duermen, piensan que ya queda un día menos para que acaben las vacaciones.

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Paraguas de colores para días grises, de Sara Nieto

Sara Feria del LibroEl libro del que voy a hablar a continuación es una obra especial para mí, ya que está escrito por mi amiga y compañera Sara Nieto Yuste. Tengo muchas cosas en común con Sara: la profesión a la que nos dedicamos, el amor por la escritura,  lo mucho que nos gusta hablar de la vida (y escribir sobre ella).  Pese al vínculo afectivo que me une a Sara, la reseña que sigue a continuación es sincera y objetiva, como todas las que hago.

Paraguas de colores para días grises recopila un conjunto de relatos bien escritos, de diferente extensión y de temática variada, aunque de todos ellos podemos decir que reflejan muy acertadamente la condición humana. Algunos de ellos destacan por su realismo, mientras que en otros casos, Sara se sirve de situaciones un tanto fantásticas o paranormales para exponer el mensaje que quiere transmitirnos (como por ejemplo en Viaje astral o en Psicofonías).

Los temas tratados son múltiples y variados: la infancia, la muerte, la soledad, la incomprensión, el amor, el alzheimer, la pobreza… Un mosaico de hombres, niños y mujeres que aman, sufren, mueren… pero sobre todo viven. Viven sus vidas, casi siempre cotidianas, como las de cualquiera de nosotros.

Se observan algunos elementos recurrentes en su prosa, como la referencia a los paraguas y la lluvia. Del mismo modo, abundan los relatos en los que una mujer viaja en tren hacia el trabajo, encontrándose con otras personas que le sugieren diferentes sensaciones y sentimientos. Quizás el hecho de conocer a la autora y saber cómo es, me ha hecho visualizar a Sara en esas mujeres que cogen el tren o el metro y que se enfrentan a una mañana más de tantas antes de llegar a sus puestos de trabajo.

Son muchos los relatos que me han gustado. Si he de aventurarme a escoger algunos como mis favoritos, podría mencionar los siguientes:

El día que dejamos el pueblo (por su humor e ironía)

Los cuentos del abuelo (por su sensibilidad)

Tan cerca, tan lejos (por su humor negro y su fondo crítico)

Telecomunicaciones (por acercar el mundo de los vivos y de los muertos de una forma muy real)

Auschwitz (por contar otra historia espeluznante de un episodio que no deja de sorprendernos)

También me ha gustado mucho el siguiente microrrelato, que reproduzco a continuación con permiso de la autora:

libro Sara Nieto

Las primeras veces

Viajamos a aquel lugar paradisíaco con la idea de olvidar. Las palmeras, el mar de cristal, los paisajes de ensueño. Nos ofrecieron un paseo en barca por los acantilados coralinos y por supuesto no pudimos negarnos. Más oportunidades de atesorar imágenes exóticas que borraran las otras. Allí, sobre las aguas turquesas, el barquero nos explicó en un inglés chapurreado que en el fondo vivía una sirena que se alimentaba de recuerdos. Los que más le gustaban eran los primeros. Porque no hay nada que se viva y se recuerde con tanta intensidad como la primera vez: la primera caricia, el primer beso, el primer te quiero, el primer hijo. Nada igual. Yo miraba hacia el fondo intentado atisbar dónde se encontraban los míos. Y entonces, a pesar de mis esfuerzos por tragármelas, no pude evitar que cayera una lágrima por la borda. —Ese no le va a gustar— dijo el hombre.

Este libro ha sido publicado por la editorial Sar Alejandría. Si os interesa su lectura, podéis adquirirlo en el siguiente enlace: https://www.editorialsaralejandria.com/producto/paraguas-de-colores-para-dias-grises/

También os animo a visitar su blog, donde publica algunos de sus relatos y microrrelatos: https://cuentoscontigo.wordpress.com/author/samaniyu/

Enhorabuena, Sara, por escribir este estupendo libro de relatos.

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Alicia ante el espejo

reto escrituraLe encantaba introducirse entre la multitud sudorosa de bares atestados, agitando, al ritmo de la música, su larga melena rubia de princesa suburbana. Su local favorito era el Templo de la Luna, al que ella siempre siguió llamando así a pesar de los sucesivos nombres que los múltiples dueños rotularon en la entrada. Tantos hombres, tantas juergas, tantos años pasados… Tal vez ahora descubre, a destiempo, lo que el espejo de ese baño mugriento lleva años tratando de mostrarle.

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Con este relato participo en el reto de escritura del blog de Lídia Castro

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El chico nuevo

institutoÉl también se rio cuando el Chivi le puso la zancadilla al chico nuevo. El muchacho se levantó, confuso, palpándose con los dedos la sangre que emanaba de su nariz etrusca. Él también se rio. ¿Qué otra cosa podía hacer? La risa infame era como una enfermedad contagiosa, transmitiéndose de un alumno a otro sin que nadie fuese capaz de frenar su expansión. El nuevo estudiante se alejó caminando con ese andar elegante al que muchos llamaban afeminado, amujerado, amariconado… Él lo miró mientras se marchaba, aún con la risa dibujada como una máscara cosida en el rostro. Lo miró, mientras el Chivi trataba de imitar su forma de andar, colocando el trasero hacia atrás en un gesto soez que en nada se asemejaba a la postura refinada de aquel muchacho. Lo miró. Lo miró. Y pensó en salir corriendo tras él, limpiar la sangre de su cara, tal vez invitarle al cine, quizás amar sus ojos verdes…

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Fertilidad

pies en la camaEn el silencioso edificio del barrio residencial no se escucha ningún ruido, salvo los gemidos profundos de él y los jadeos fingidos de ella. Sus cuerpos desnudos reposan más tarde sobre la cama con las piernas dobladas hacia un lado, encajados como dos piezas de puzle con los bordes desgastados de tanto uso. Él lamenta en voz alta su mala fortuna, la maldición que les condena desde hace años a la vida solitaria sin descendencia. Ella suspira y se levanta despacio. Su marido conoce esa costumbre postcoital suya de beber un vaso de agua en la cocina. Llena el recipiente de cristal directamente del grifo y, después, en un gesto rápido y decidido, extrae una pequeña píldora de la caja escondida detrás de la nevera.

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