Literania: la feria del libro para escritores independientes

LiteraniaUna amiga escritora me contó ayer que en la segunda quincena del mes de mayo se va a celebrar en Madrid una feria del libro alternativa, “underground”, dedicada a promocionar a escritores independientes y editoriales pequeñas. Cuando comencé a escribir en este blog, mis entradas solían estar enfocadas a elaborar reflexiones sobre la lectura y la escritura (más tarde le di un giro, como muchos sabéis, y empecé a publicar microrrelatos). Una de aquellas reflexiones que escribí, allá por el año 2016, tenía por título La amenaza de la literatura independiente. Han pasado tres años desde entonces y mi visión sobre la autopublicación ha cambiado en algunos aspectos, pero sigo pensando algunas de las cosas de las que hablaba en esa entrada, como la siguiente reflexión que copio a continuación:

En un mundo competitivo como es el mercado del libro, la irrupción de la literatura independiente puede además ser vista como un elemento molesto para las grandes empresas tradicionales dedicadas al sector. Algunas de ellas, encabezadas sin duda por Amazon, han sabido augurar la oportunidad de negocio, pero otras muchas, que ni siquiera se han adaptado al libro electrónico pese a hacernos creer que sí (no hay más que ver los precios exorbitados de los libros electrónicos en nuestro país) es probable que observen el nuevo escenario con cierto temor al desmoronamiento de la maquinaria editorial consolidada a lo largo del tiempo durante siglos. De lo contrario, por poner un ejemplo, no se explica que el Reglamento de la Feria del Libro de Madrid  excluya de forma deliberada a aquellos “editores que se dediquen principalmente a la autoedición de libros, las empresas de servicios editoriales y los editores que editen a un único autor”.

No me cabe ninguna duda de que esta nueva feria del libro alternativa, Literania, ha surgido en cierto modo como una reacción a ese veto impuesto por los organizadores de la feria del libro “oficial”. En los últimos años ha surgido un nuevo y creciente nicho: el de los escritores que, bien por necesidad (sus textos no encajan en ninguna editorial que quiera publicarlos) o por decisión propia, eligen la autoedición como forma de dar a conocer su obra. Incluso podemos hablar de una nueva filosofía del arte, en la que la libertad del artista prima por encima de cualquier otra cosa.

Después de contactar con una de las organizadoras del evento (que celebra este año su segunda edición), me surgen algunas dudas sobre mi participación. Desde luego, es una oportunidad única para publicitar mi libro (el único que tengo publicado por ahora) y conocer a otros autores. Pero el gran problema de la autopublicación me viene a la cabeza y me obliga a replantearme mi asistencia. Existen dos modalidades de participación: 1) Estar en un stand con tus libros expuestos; 2) Que tu libro esté disponible en la librería general del evento y tú solo estés físicamente durante algunas horas para firma de libros. Por circunstancias personales, yo solo puedo optar a la segunda alternativa, pero el problema es el mismo elija la opción que elija. ¿Cuántos ejemplares de mi propio libro estoy dispuesta a comprar para ofrecerlos en venta en la feria? ¿Venderé alguno, muchos o ninguno? ¿Cuánto dinero estoy dispuesta a arriesgar? ¿Qué hago con los ejemplares que no consiga vender?

Cuando decidí autopublicar Las vidas que pudimos vivir pensaba al principio que el principal problema de la autoedición era la promoción. Hoy, en cambio, creo que en este aspecto no hay mucha diferencia entre autoeditarse o que te publique una editorial pequeña (lo único que de verdad marca la diferencia, nos guste o no, es conseguir un contrato de edición con una editorial consagrada). La experiencia me ha confirmado que el auténtico problema de la autopublicación (con impresión bajo demanda) es la distribución de ejemplares en papel. Ahora, con la posibilidad de asistir a esta interesante feria, me surge de nuevo el mismo problema.

Amigos escritores, no sé si conocíais este evento o no. Si es así, ¿vais a participar en él? ¿Tenéis algún consejo que darme, alguna experiencia de alguien que haya asistido a la edición del año anterior?

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Esther, galerista en prácticas, de Sadire Lleire

Esther, galerista en practicasEsther, galerista en prácticas me tocó en un sorteo que la propia autora, Sadire Lleire, realizó para promocionar su obra. Se trata de una novela corta que cuenta una historia sencilla sobre dos mujeres que se conocen de manera fortuita y deciden emprender un negocio de arte juntas.

Está escrita mediante la voz narradora de una de las protagonistas. El lenguaje empleado  es muy coloquial (tanto los diálogos como la narración). Se nota que el texto ha sido revisado a conciencia, pues no he encontrado errores tipográficos ni ortográficos (últimamente detecto más fallos de este tipo en los libros publicados por editoriales que en los autopublicados, para que luego digan…).

El género literario de la novela estaría a medio camino entre el llamado chick lit y el humor, complementado por una pequeña historia de intriga o policíaca. Lo más destacable de la novela desde mi punto de vista es el lado humorístico que la autora trata de arrancar a determinadas escenas y personajes (la familia estrafalaria de la protagonista, el tipo rico y pijo, la chica macarra y la niña bien, etc.)

La novela tiene otra parte,  Águeda, galerista en prácticas, escrita por Luis M. Núñez. No la he leído, pero intuyo que en ella se cuenta la misma historia desde el punto de vista de la otra protagonista. Este enfoque me parece a priori bastante interesante y original.

No se trata del tipo de literatura que acostumbro a leer, pero es una historia divertida y ligera que me ha sacado por unos días de las lecturas más dramáticas y densas en que suelo sumergirme.

Mi agradecimiento a la autora por el ejemplar y por la caja llena de cosas bonitas que lo acompañaba.

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Su nombre invertido

profesorEste año el premio se ha otorgado a una mujer, una escritora desconocida en los círculos literarios. Eso están diciendo en el informativo, mientras termino de sorber con desgana una sopa de cocido fría e insípida. Desconocida, eso dicen, aunque a mí su nombre me resulta familiar.

“El jurado eligió por unanimidad la novela de Violeta Silva Maestre por su excepcional recreación de un episodio histórico en el que…”. De la memoria astillada se desprende un fragmento perdido. “¿Silva Maestre, Violeta?” “Presente”. Su nombre invertido en mis labios me devuelve el olor a sudor de un aula amplia repleta de pupitres mal distribuidos. Diez minutos de clase perdidos en leer aquel listado interminable repetido en mi boca dos o tres veces por semana –no lo recuerdo bien- antes de empezar con la Generación del 98 o la poesía desarraigada.

Silva Maestre, Violeta, se sentaba en la primera fila, al lado de Sánchez Escudero, Paloma o tal vez de Toledo Suárez, Isabel. Diecisiete años escuálidos de rostro pálido y pechos planos, apenas perceptibles como breves sombras bajo su camisa blanca. Rebusco en la memoria igual que aquel año lo hacía en su examen, olfateando las hojas como un perro de presa a la caza del error esperado, la ausencia de una tilde o una coma inoportuna que le restaran al menos un par de décimas.  Asoma brevemente en el recuerdo su comentario sobre un poema de Lorca doliéndome en el pecho, minucioso y apasionado. “Es la primera vez en mi vida que le pongo a alguien un diez en un examen”, recuerdo en mis labios mientras sus ojos negros –incongruentes en su enormidad- me observan con su inteligencia silenciosa.

Miro la pantalla buscando los restos infantiles de Silva Maestre, Violeta, en el rostro maduro de la mujer que agradece su premio ante un par de micrófonos ansiosos. Fantaseo con la absurda idea de que tal vez se acuerde del viejo profesor de literatura y me nombre al menos en sus sentidos agradecimientos.

-Don Francisco, ¿quiere usted un poco más de sopa?

-Ni muerto –contesto a la bata blanca que recoge mi plato.


Con este relato participo en el concurso #hombresyalgunasmujeres convocado por Zenda.

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Los niños de Babel, de Álvaro Vadillo

Los niños de BabelÁlvaro Vadillo, autor del libro de relatos Los niños de Babel, contactó conmigo hace unos meses para ofrecerme un ejemplar de su obra. La temática llamó mi atención y acepté su ofrecimiento con agrado. Hoy comparto con vosotros mis impresiones sobre un libro impactante y duro, pero también necesario.

Los niños de Babel recopila catorce relatos ambientados en lugares del mundo muy diferentes: Haití, Líbano, Sri Lanka, Mauritania, República Democrática del Congo, Cuba, Paraguay, Irak… También España. Todos ellos comparten una característica en común: los protagonistas (o algunos de los personajes) de los relatos son niños. Algunas historias son absolutamente impactantes, tanto que parece mentira que sean verdad. Pero, lamentablemente, son verdad. Todas están basadas en experiencias reales que el autor ha visto o escuchado de boca de sus protagonistas en sus viajes a lo largo del mundo colaborando en proyectos humanitarios.

Desde el punto de vista literario, los relatos están bien escritos. De su prosa destacaría su capacidad para describir ambientes y lugares con una precisión minuciosa, haciendo que el lector se sienta como un viajero inesperado, caminando por desiertos, atravesando la espesura de la jungla o callejeando por mercados de Oriente Medio entre los gritos de los comerciantes. El autor no sólo se limita a la descripción de los espacios; los olores y los sonidos también cobran protagonismo en algunas de las historias (la música, por ejemplo, es un elemento destacado en los relatos ambientados en Cuba y la Ronda de los años 90). No abundan los diálogos, pero cuando éstos aparecen suelen estar bien escritos y adaptados al habla local (como es el caso de la jerga andaluza, argentina o dominicana).

Se aprecia también en todos los relatos un buen conocimiento de la historia y de las circunstancias geopolíticas de los países en los que se desarrollan los relatos. Cada vez que terminaba de leer una historia, sentía la necesidad de buscar más  información sobre los conflictos bélicos, las etnias o los grupos armados a los que el autor hace referencia. Quizás habría sido interesante profundizar un poco más en la contextualización política, social y religiosa, pero imagino que los relatos habrían aumentado considerablemente de extensión y quizás habrían perdido su sentido inicial, que es el de contar historias particulares dentro de la Historia en mayúsculas.

El relato que más me ha impresionado es el que se desarrolla en la República Democrática del Congo. La violencia que desprende lo que en él se cuenta escapa a toda lógica. Lo leí con angustia y me quedé con una sensación de vacío. Después de leer un relato tan estremecedor, sólo se puede concluir que en algunos lugares del mundo la vida humana no vale nada. Como decía en el párrafo anterior, la lectura me incitó a buscar más información, en este caso sobre la Segunda Guerra del Congo, cuyas brutales dimensiones llevaron a apodarla como Guerra Mundial Africana. Casi 4 millones de muertos de los que en Occidente nadie –o casi nadie- habla, en curiosa oposición a lo mucho que se habla de otras guerras.

En cualquier caso, no todas las historias que se narran son igual de terribles. Algunas acaban bien a pesar del sufrimiento de los protagonistas, en otras el amor o la camaradería se alzan por encima del mal (por ejemplo en los relatos ambientados en Cuba, Argentina o República Dominicana).

Quiero agradecer a Álvaro Vadillo la oportunidad que me ha dado de leer este libro tan especial y necesario en los tiempos que vivimos, muy recomendable para  quienes sientan la necesidad de asomarse por unas horas a la otra cara del mundo.

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Olfato

mujer en salónSe sienta en el sofá con las piernas cruzadas y una bandeja sobre las rodillas. Frente a ella, la televisión encendida exhibe un documental sobre animales marinos. Introduce la cuchara en el humeante puré de verduras  y después se la lleva a la boca, donde su lengua sólo nota el calor de la sustancia grumosa. Zanahorias, puerros, patatas y judías. Una sabrosa mezcla vegetal que en su boca carece de sentido.

Hace tiempo que decidió eliminar los alimentos sólidos de su dieta. Comer es para ella únicamente un instrumento de supervivencia. En algún momento del pasado dejó de oler. Y con el olfato se marcharon también los sabores y los recuerdos en forma de aroma.

Suena un mensaje en su teléfono móvil. “Pon ahora mismo el telediario”, solicita con urgencia la pequeña pantalla. A ella no le gusta ver los informativos. Prefiere la violencia natural de los animales a la ferocidad de los hombres. “Hazlo, es importante”, insiste el dispositivo. Y decide, por una vez y sin que sirva de precedente, hacer caso a la voz urgente que la apremia.

El televisor muestra ahora la imagen fija de una vieja fotografía, mientras se escucha de fondo la voz fría de un reportero desapasionado. Tiembla la cuchara en su mano y se derrama el puré con lentitud  espesa. “Muere en la cárcel el conocido como violador del metro”, prosigue la voz impasible. “Cuando ya sólo quedaban dos meses para su puesta en libertad, el preso ha aparecido muerto en su celda en extrañas circunstancias”. Una lágrima redonda y gruesa resbala desde sus ojos hasta su boca. Se introduce en la comisura de los labios y alcanza su lengua donde, de manera inesperada, su sabor le resulta asombrosamente salado.

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En el Blog de Lídia Castro: Y el Optimvs mensi es para…

Muy contenta de haber sido elegida para el premio de enero del Reto de escritura del Blog de Lídia Castro.

El Blog de Lídia

banner reto

El día 28 publiqué todas las creaciones presentadas al reto de Escribir Jugando del mes de enero.

Como cada mes, me ha resultado muy difícil escoger, pero ¡lo he hecho!

Mención especial

Quiero hacer una mención especial para un microrrelato que me atrapó por sus trepidantes palabras y me arrastró por un campo de batalla que se desvaneció al final por una llamada de teléfono. Me refiero a “Partida mortal” por David Coloma García. ¡Muy buen micro, compañero! 👏👏👏


Antes de continuar, quiero agradecer el esfuerzo y la ilusión que ponéis en el reto todos y cada uno de vosotros/as. Es admirable y me emociona ver que esto sirve de inspiración. Así que, ¡millones de gracias por tanto!

Ha llegado el momento de desvelar el Optimvs mensi del mes de diciembre y es para…

Drumroll

…por crear un microrrelato que me conmovió en desmesura. La historia me llegó más allá de la…

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Día de Reyes

mujer camaHoy es seis de enero. Habría preferido levantarse tarde, muy tarde. Tal vez saltarse el desayuno y almorzar directamente. Pero los vecinos del sexto la han despertado a las ocho de la mañana con su júbilo ruidoso. Han debido de regalarle al niño un balón de baloncesto, porque durante media hora no ha dejado de escuchar una sucesión de golpes secos sobre el techo, justo encima de su cama. “¿Es que no pueden decirle a ese niño que en casa no se juega al balón?”, piensa. Intenta volver a dormir, pero es incapaz. Hace tiempo que el insomnio la acosa como un monstruo agazapado bajo su cama.

Se levanta y prepara un café con tostadas. El día promete ser largo y trata de improvisar algún plan mientras mordisquea el pan tostado. Envía un mensaje al grupo de whatsapp de sus amigas del pueblo, las de toda la vida. “¿Alguien se anima a dar un paseo esta tarde?”, pregunta. Pero nadie contesta. Imagina a Gloria con su hija de cinco años, a Clara con los mellizos y a Susana con su bebé recién nacido. Todas abriendo paquetes, montando juguetes, fotografiando la risa infinita de sus hijos.

Decide salir sola; no puede quedarse en casa. Se coloca la misma ropa del día anterior, abandonada con desidia sobre una silla en la que se amontonan diversas prendas como en una colorida escultura. La calle no es en realidad mejor que su casa. Se encuentra a un niño probando su patinete nuevo, al vecino del sexto jugando con su hijo -efectivamente, era un balón de baloncesto lo que golpeaba sobre su cabeza-, y a una niña paseando a su muñeco.

Compra el pan y vuelve a casa. Se plantea, por instante, la posibilidad de adquirir un roscón de Reyes, pero son todos demasiado grandes para una sola persona. Dormita en el sofá hasta las dos de la tarde. Aunque no tiene hambre, se dirige a la nevera y saca algo de fiambre. Por cuarto día consecutivo, decide comer un bocadillo. No tiene ganas de cocinar otra cosa.

Tras su anodina comida, accede a través de su teléfono a esa aplicación de contactos a la que recurre en ocasiones. Apenas indaga un par de minutos en la inmensidad de fotografías disponibles a un solo un clic. Un hombre moreno de cuarenta años es el elegido. Charlan sobre banalidades y solo dos horas más tarde el tipo llama al timbre de su casa.

Ni siquiera le ofrece una bebida; hace tiempo que se saltó los protocolos absurdos. “Fóllame”, le dice. Y el hombre obedece, arrancando su ropa y penetrando ese cuerpo vivo que aloja una mente muerta. El chico se marcha enseguida, tras un breve descanso postcoital. Anochece y ella sigue echada sobre la cama, desnuda, observando fijamente una mancha de humedad con forma de pato que hace tiempo que adorna su techo. “No es un pato, mamá, es un cisne”, decía siempre él. Y ella reía.

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Partida inacabada

reto escrituraTenías veintiocho años, los mismos que piezas de ajedrez en pie sobre aquel tablero. Me habías comido tres peones y un alfil. “Mañana vendré a por más”, dijiste. Y me besaste antes de marcharte, mientras se oían en la distancia los últimos festejos del nuevo año. Mi móvil junto al ajedrez tembló cuando me llamaron. En un impulso de rabia, a punto estuve de golpear el tablero, pero mi mano se detuvo a tiempo. Todavía espero a alguien que pueda reemplazarte en esa partida, pero siguen inmóviles las veintiocho piezas, eternas en la belleza de su sabia geometría.


Con este relato participo en el reto de escritura del mes de enero del blog de Lídia Castro.

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Mi 2018 literario

libro cafe

Una novela inacabada

El 31 de diciembre del año pasado hicimos un juego con la familia que consistía en escribir propósitos de año nuevo en unos papelitos que íbamos depositando en una cesta. Uno de mis propósitos fue terminar de escribir la novela en la que llevo trabajando desde 2017. No he podido cumplir ese propósito, pero no pasa nada. A veces los tiempos de la literatura son necesariamente largos. Sí puedo decir que durante este año que termina le he dedicado mucho tiempo a ese proyecto y que en 2019 estará finalmente acabada.

Relatos, muchos relatos

A pesar de no haber terminado mi novela, 2018 ha sido un año muy productivo. Escribir es cada día más un vicio imparable, no sé si bueno o malo. A veces me quita tiempo de hacer otras cosas. Sea como sea, este año he escrito muchísimo. Algunos microrrelatos los he publicado en el blog como vengo haciendo desde hace años. He escrito también relatos largos que permanecen inéditos. Me he presentado a varios concursos literarios y he conseguido dos premios: Mi relato El antihéroe ganó el segundo premio en el Concurso de Navidad de Zenda de principios de año. Mi relato Iquique, 1907 ganó el Accésit Testimonio Histórico en el XV Concurso de Relatos Mineros Manuel Nevado Madrid. Otros relatos míos quedaron finalistas y fueron publicados en algunas antologías (En el cielo, El libro de los fenómenos naturales). Los premios no son tan importantes, pero sin duda constituyen un aliciente muy estimulante.

Mi novela, la de siempre

Las vidas que pudimos vivir, mi primera y única novela publicada, ha sido reseñada nuevamente en este año 2018 (aunque con mucha menos frecuencia, lo cual es lógico porque hace ya cuatro años que se publicó). Agradezco especialmente a Sadire y a Paula de Grei, que dedicaron un espacio en sus blogs para comentarla. También a otros lectores que dejaron sus comentarios en Amazon. Si alguno de vosotros aún no la ha leído, me haríais muy feliz si decidierais conocer a mis cinco mujeres.

Los libros que he leído

Este año he dedicado casi todo mi tiempo de lectura a la literatura española, combinando novelas de autores consagrados (José Luis Sampedro, Ana María Matute, Fernando Aramburu, Javier Marías….) con voces más nuevas (Marian Izaguirre, Sara Mesa, Javier Sachez) y libros de amigos escritores (Lídia Castro, Sara Nieto).

También he leído con mi hijo de cuatro años muchísima literatura infantil. Tenemos muchos libros favoritos, pero el que más nos gusta, nuestro preferido entre los preferidos, es Monstruo rosa, un libro delicioso que recomiendo tanto a niños como a adultos.

Amigos, os deseo un Feliz 2019.

Que la amistad y la literatura nos acompañen un año más.

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Ganadora del Accésit Testimonio Histórico en el XV Concurso de Relatos Mineros Manuel Nevado Madrid

Mi relato “Iquique, 1907”, acaba de recibir el Accésit Testimonio Histórico en el XV Concurso de Relatos Mineros Manuel Nevado Madrid, convocado por la Fundación Juan Muñiz Zapico. Podéis leer mi relato, así como el resto de textos premiados y seleccionados, en la web de la Fundación.

Detrás de todo texto literario suele haber una historia y, en este caso, me gustaría dejar constancia escrita de esa historia:

Hace no mucho tiempo estuve viviendo unos años en Santiago de Chile. Durante ese tiempo hice varios viajes al desierto de Atacama, un lugar que me fascinó por su naturaleza extrema y también por su historia. En mitad del desierto, sobreviven al paso del tiempo las antiguas estructuras y viviendas mineras que un día sirvieron para la extracción del salitre o nitrato. Se trata de las llamadas “oficinas salitreras”. La visita a esos “pueblos fantasma” perdidos en el desierto me impresionó y empecé a leer sobre el tema.

Una de aquellas lecturas fue La reina Isabel cantaba rancheras, del escritor chileno Hernán Rivera Letelier, una novela en la que la sordidez del argumento, la jerga chilena y la prosa poética conviven en extraña armonía haciendo de esta obra una auténtica joya literaria.

Yo también escribí un relato ambientado en las salitreras e inspirado en un terrible episodio histórico que tuvo lugar en la ciudad de Iquique en 1907 en el marco de las reivindicaciones obreras que reclamaban una mejora de las condiciones en las que trabajaban y vivían los mineros y sus familias. Este relato es el que ha sido galardonado en el concurso mencionado.

Me gustaría compartir también algunas fotografías que mi marido y yo tomamos en la visita a la Oficina Salitrera Humberstone, en diciembre del año 2013:

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