
Feria del libro antiguo y de ocasión en el Paseo de Recoletos. Muchos ejemplares de ediciones de los años 70, 80, 90… Veo autores y títulos muy conocidos (Eduardo Mendoza, Vargas Llosa) junto a otros que no me suenan de nada. Si tuviera tiempo, me encantaría pararme en cada caseta, sacar del bolso mi teléfono móvil e indagar en Google sobre la vida y obra de esos desconocidos. Quiénes fueron, qué escribieron, si siguen vivos o, de lo contrario, cuándo y cómo murieron. Me los imagino hace 40 años, sus nombres recién impresos en una cubierta, la ilusión por esa novela o ese ensayo o ese poemario publicado, el olor a tinta y a papel.
Me pregunto también cómo llegaron a esta caseta los ejemplares usados. Quiénes fueron sus anteriores propietarios. Si ya murieron y si sus hijos vendieron sus bibliotecas enteras, al peso, a un trapero que les pagó dos euros por kilo. Unos hijos que quizás nunca amaron la lectura, que tal vez nunca entendieron las estanterías abarrotadas de su padre o de su madre, o tal vez de ambos. Sí, puede que fueran ambos, el matrimonio al completo. Tal vez fueron juntos a comprar este ejemplar que ahora se vende a 5 euros en esta caseta. Quizás lo leyeron los dos, primero él y luego ella, y posiblemente compartieran sus opiniones un viernes por la noche, mientras los niños dormían.
-Qué bien escribe este autor.
– A mí me parece una prosa un poco recargada, pero no está mal.
Y luego, ya ancianos, el hombre enfermo de alzheimer y la mujer ciega, los libros criando polvo en las estanterías, incapaces ya de leer este ejemplar ni ningún otro.
Me pregunto también si alguno de mis libros acabará algún día en un lugar como este. Si dentro de 40 años una mujer paseará por una feria del libro antiguo y de ocasión y se topará con mi nombre en una cubierta. Si se preguntará quién fui yo, si sigo viva o ya estoy muerta, cuáles fueron las obras que publiqué, a quién perteneció este ejemplar usado que languidece en una caseta.
Qué bonito…
Gracias
He estado alguna vez en esa feria de Recoletos y en verdad, hay libros muy interesantes. La historia de los mismos puede ser peculiar, te contaré una breve anécdota. Cuando falleció mi padre, repartimos los libros entre los hermanos, ya que somos muy lectores. Pero hubo un buen numero de libros que decidimos entregar ¿a quién? pues en sendas bibliotecas en Pozuelo y en Majadahonda. Pues bien, después de hacer un listado de libro, autor, editorial, etc… en ambas nos dijeron lo mismo, más de la mitad de los libros no les interesaban y ojo que había premios Planeta, y de autores conocidos (otros no tanto). Así que algunos fueron a parar a tiendas de segunda mano, y otros a mi trastero, porque yo no he tirado (ni tiraré) jamás un libro. Uffff perdona el rollo, pero hacía tiempo que no te visitaba. Un abrazo Mayte.
Ya, es que en las bibliotecas suele haber problemas de espacio y hay que ser selectivos con lo que se acepta en donativo… Y en casa lo mismo. Vivo en un piso pequeño y no me queda más remedio que leer mucho en formato electrónico. Compraría en papel muchísimo más de lo que compro si tuviera más espacio…