Madrid, 1605 (de Eloy M. Cebrián y Francisco Mendoza)

Madrid, 1605

Hace un par de días terminé la novela Madrid, 1605, un libro que tenía interés en leer desde hacía tiempo.  Este deseo se debía a dos motivos: en primer lugar, se lo había prometido a uno de sus autores, Paco Mendoza. Por otro lado, el tema me resultaba atrayente por su relación con el trabajo al que me dedico desde hace unos años.

El argumento de la novela, explicado de manera breve, es el siguiente: Erasmo López de Mendoza es un bibliófilo y profesor jubilado que, de forma inesperada, encuentra un manuscrito del siglo XVII en el que un tal Gonzalo de Córdoba relata la crónica de cómo se gestó el Quijote y los avatares por los que tuvo que pasar la obra hasta que finalmente fue impresa. Al comienzo de la crónica, Gonzalo de Córdoba anticipa la posibilidad de ofrecer al lector algunas pistas sobre el paradero del manuscrito original del Quijote. A lo largo de la novela, Erasmo López de Mendoza, ayudado por Pilar, una antigua alumna, tratará de descifrar la crónica completa  de Gonzalo, tarea que no resultará nada fácil debido a un sinfín de problemas relacionados con la integridad del manuscrito y la codicia de otros bibliófilos, libreros y personajes varios que también desean localizar como sea el manuscrito autógrafo de Cervantes.

Como puede deducirse de esta breve sinopsis, el género del libro discurre entre la novela histórica y la novela de aventuras. Se van simultaneando las dos historias: la del bibliófilo contemporáneo y la de la crónica del siglo XVII. Tanto en una como en otra, se observa una mezcla entre la ficción y la realidad:

En la parte de la novela ambientada en el Siglo de Oro, desfilan un buen número de personajes que existieron en la vida real: Miguel de Cervantes, Lope de Vega, el duque de Sessa, las Cervantas (nombre que recibían las mujeres que rodeaban al escritor, esto es, su esposa, sus hermanas y su hija), Francisco de Robles (librero que costeó y vendió la primera edición de El Quijote), etc. Pero también aparecen personajes inventados, como el propio Gonzalo de Córdoba, y es evidente que la ficción campa a sus anchas en toda la historia ya que se trata de una novela. Sin embargo, a pesar de que nos encontramos ante una historia inventada sobre cómo se gestó El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, hay muchas alusiones a referencias y hechos con una base científica. Por ejemplo, la novela se vale de una teoría que afirma que El Quijote fue al principio una novela corta al estilo de sus Novelas ejemplares.

Algunas de las frases que dicen los personajes son también cosas que dijeron –o, más bien, escribieron- en la vida real. Este es el caso de esa famosa frase de Lope de Vega  que se encuentra en una copia manuscrita conservada en la Biblioteca Nacional: “Nadie hay tan malo como Cervantes ni tan necio que alabe a Don Quijote”. Tal vez fuera esta frase y otras evidencias conocidas las que dieron pie a los autores de la novela para basar gran parte de la historia en la rivalidad que al parecer existió entre Cervantes y Lope de Vega. Desde mi punto de vista, no dudo que existieran desavenencias entre ambos, aunque sí que creo que el pobre Lope sale muy mal parado en esta novela….

Es muy destacable lo bien ambientado que está el Madrid de principios del siglo XVII: sus calles, sus gentes, el ambiente de los corrales de comedias… Me hizo mucha gracia una referencia que no conocía. Al parecer, existía un tipo de habitación en las pensiones que se llamaba “media con limpio”, y que consistía en pagar una cama en una habitación para dormir al lado de un desconocido que estuviera más o menos limpio y libre de enfermedades contagiosas.

Hay que valorar también el esfuerzo de los autores por escribir esta parte imitando el lenguaje y la manera en la que se expresaban los escritores del siglo XVII.

En la parte de la novela ambientada en la actualidad, también se observa una curiosa mezcla entre la ficción y la realidad. Aunque algo de esto se comenta en los agradecimientos del final, para quienes conocemos a Paco Mendoza y además trabajamos en la Biblioteca Nacional, no nos resulta complicado detectar en la novela ciertos parecidos evidentes. El protagonista, Erasmo López de Mendoza, es un clarísimo alter ego de Francisco Mendoza (no se molesta nada en disimularlo, de hecho). Ambos son profesores jubilados, bibliófilos, visten camisas hawaianas y, en general, su personalidad es sospechosamente parecida. Al leer la novela, todo el rato estaba viendo a Francisco Mendoza en mi cabeza, lo cual me ha divertido bastante. Pero también aparecen otros personajes inspirados en personas reales: Martín Abad (bibliotecario ya jubilado especialista en fondo antiguo al que Mendoza, como premio a su amistad, asciende a director de la Biblioteca Nacional en su novela), Hernán Pérez (personaje inspirado en un restaurador que actualmente sigue trabajando en la Nacional), Epifanio Caballero (personaje basado también en otro restaurador amigo de Paco)…

De esta parte de la novela destacaría lo bien ambientado y explicado que está el mundillo del comercio del libro antiguo, algo que Mendoza conoce bien: las subastas, las librerías anticuarias… Incluso también el submundo de los traperos que se dedican a vaciar las bibliotecas de viejos bibliófilos fallecidos para venderlas. Tanto el personaje como la persona real aman los libros no solo por lo que cuentan, sino también por lo que significan como objetos (en eso consiste la bibliofilia), y me ha hecho gracia que, a pesar de todo, personaje y autor hayan sido capaces de reírse un poco de ese fetichismo un tanto absurdo que inevitablemente encierra esa afición: “Acababa de gastar 7.000 euros en unos trocitos de papel que cuatro siglos y medio antes, cuando estaban completos y nuevos, no habrían costado ni un maravedí, y que más tarde alguien consideró inservibles hasta el extremo de emplearlos para fabricar cartón”.

En esta parte de la historia ocurren algunas cosas un tanto “peliculeras”, por llamarlo de alguna forma. Pero al fin y al cabo, se trata de una novela de aventuras, así que era totalmente lícito insertar esos fragmentos de héroes y villanos tan típicos del género.

La Biblioteca Nacional es un elemento importante en esta historia. Se habla de ella en muchos momentos y una de las escenas más importantes transcurre en su sede de Alcalá de Henares, a la que se describe maravillosamente bien, incluso con un tono poético inexistente en el resto del libro (me encantó esa imagen del edificio como un “gigante dormido”. “Los anaqueles repletos de libros formaban el cerebro del gigante. Y las salas que ahora recorrían contenían sus recuerdos más antiguos”).

La prosa en esta parte de la novela está escrita con un lenguaje contemporáneo. Es una prosa correcta, cuidada y salpicada de humor y sarcasmo por todas partes.

Por último, he de decir que el epílogo me ha parecido de lo mejor de la novela. Ese diálogo final es absolutamente genial.

Madrid, 1605 quedó finalista en los Premios de Novela Fernando Lara y fue editada por Algaida. Creo que la edición impresa está agotada, pero se puede adquirir la versión electrónica. Yo la compré por Amazon.

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13 comentarios en “Madrid, 1605 (de Eloy M. Cebrián y Francisco Mendoza)

  1. Es una reseña estupenda y una buena recomendación adquirir en el formato ebook. En iberlibro la edición en papel no baja de setenta euros. Creo que se queda para la biblioteca. Jajaja, Un besazo.

      1. Hola Mayte te lo adelanto…
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