La ratonera

whisky

¿Estamos en marzo o en febrero? Qué más da. Hace un calor de mil demonios. Abro la puerta de “El Declive” y al menos aquí se siente el frescor eléctrico del aire acondicionado. Echo un vistazo alrededor y solo veo decadencia. Parece que en esta maldita ciudad ya solo quedamos lo mejor de cada casa. Como Fredy, que se acerca y me sonríe con su dentadura grisácea y descolocada.

—Buenas noches, princesa —me saluda con sorna.

—Ponme un whisky, anda —le digo—. Y algo de comer, que me espera una noche cojonuda.

—Pues como todas las noches, ¿no? —contesta el cretino.

Inclina Fredy la botella y el líquido ámbar se desliza y tropieza con los hielos. Llena el vaso hasta la mitad y, no sé por qué, me imagino a mí misma sumergida en ese glaciar helado y amargo.

—Tráeme una ensalada —le digo a Fredy.

—¡Qué graciosa! ¡Una ensalada, dice…! ¿Y con qué la preparo? Ya no queda lechuga, ni tomates ni nada que salga de la tierra.

—¿Ni siquiera de importación? —pregunto.

—¿Pero es que tú no ves las noticias? Aquí ya casi no llegan camiones de reparto.

Bebo un trago largo del vaso. El alcohol despierta el hambre, agazapada como un monstruo en algún lugar de mis entrañas.

—Pues tráeme lo que sea. Un filete, una hamburguesa…

—¡Marchando una hamburguesa! —ríe Fredy. Y muestra de nuevo su boca desfigurada y ennegrecida.

Una duda inquietante me sobresalta.

—Pero, si ya no hay pastos ni nada que crezca de la tierra… ¿De qué mierda se alimentan las vacas de las que está hecha esa hamburguesa?

—¡Vaya por Dios! Y yo que pensaba que eras puta y resulta que no… Resulta que ahora eres filósofa.

Ríe Fredy con un estruendo bronco. Le sobreviene un ataque de tos.

—A lo mejor es carne de rata —pienso en voz alta—. Al fin y al cabo, esta ciudad es eso, una maldita ratonera.

Bebo otro trago. Fredy me mira con atención. No sé si está pensando en pedirme que me vaya con él a la bodega o si es otro asunto lo que le ronda.

—Algún día me iré al norte —le digo.

—¿Y qué vas a hacer tú en el norte? ¿Chupársela a los pingüinos?

Se ríe Fredy de su chiste infame.

—Mi hermana y sus hijos se marcharon hace tiempo. Me reuniré con ellos.

—¿Y por qué te van a dar a ti un salvoconducto? ¿Por tu cara bonita?

Se abre la puerta y entra el Caniche. Como cada noche, ha cruzado el umbral a las doce en punto, como la Cenicienta de algún cuento oscuro y siniestro. Se acoda sobre la barra, justo a mi lado.

—Tengo el coche aparcado en la puerta —me dice.

Termino de un trago lo que queda en el vaso y dejo un billete sobre la barra. El Caniche se gira y cojea hacia la puerta. Fredy aparece con la hamburguesa, pero no puedo entretenerme, no debo importunar al Caniche. Algún día… Algún día me marcharé al norte.


Este es el relato con el que participo en el concurso de Zenda “Historias sobre el cambio climático” #COP25

24 comentarios en “La ratonera

    1. Gracias, Jorge. Me ha quedado bastante sórdido… Me imagino que cuando media España sea un desierto, habrá ciudades semiabandonadas como esta, llenas de seres marginales que no querrán o no podrán marcharse a otro lugar. Un abrazo

  1. Suerte, Mayte, un relato muy bueno. Yo también participó y mi protagonista también se quiere ir al norte, sólo que ella es de pueblo, jajaja, ya hemos hablado más de una vez que nos inquietan las mismas cosas. Un abrazo.

  2. Un relato muy bien desarrollado. Has conseguido (al menos en mi caso) que entre por completo en la escena. Sórdido y duro, pero también dejas deslizarse un halo de esperanza. De momento siempre gana el poderoso, pero tal vez en el Norte las cosas cambien…
    Un abrazo Mayte

    1. Muchas gracias, Carlos. La idea sería que el norte es un lugar restringido para las élites. Estos pobres diablos de mi relato lo tienen difícil para emigrar allí, pero quién sabe… Me encanta verte por mi blog. Ya sabes que valoro mucho tus comentarios. Abrazos

  3. Francisco Mendoza

    Me sorprende tu capacidad de cambiar de registro, últimamente dentro de lo negro.
    Muy conseguido, podría ser el arranque de algo más largo. Un abrazo, Paco.

    1. Muchas gracias, Paco. Sí, creo que últimamente estoy tirando hacia los temas sórdidos y oscuros. Y mi estilo también se está haciendo más duro y sobrio. La historia daría para algo más largo, desde luego. Un abrazo

  4. Pingback: La ratonera — El blog de Mae – Enrique Prieto Vidal

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