
Está tan acostumbrado a publicar su vida en las redes sociales, que ahora su nueva situación le genera cierto síndrome de abstinencia. Se lo había contado todo a su público virtual: su boda, el nacimiento de sus hijos, sus éxitos laborales, sus viajes por Europa, su divorcio, los primeros síntomas de la enfermedad… Daría cualquier cosa por poder publicar alguna fotografía sobre su estado actual, al menos una imagen de las flores y de su nombre escrito en la lápida del cementerio y después esperar, expectante, la llegada de los complacientes “likes”.
Que buen relato. Me recuerda a una cosa que hice hace años cuando vivía en Edinburgo. La cuento así rápido. Para ir a trabajar cruzaba un cementerio público y un día vi una lápida que ponía: Baker. Y me llamó la atención. Unos días después sobró un pan redondo de kilo en el trabajo y me lo llevé. Bueno me llevé varios, tantos que pensé en dar uno a migajas a los pájaros, allí hay mucho cuervos bonitos. Y bueno, lo dejé a la tumba del baker como un tributo por un lado y como si lo hubiera hecho él por otro. Tonterías de mi juventud xD
Gracias!! Buena historia la tuya también
Un abrazo, espero que estés bien en estos tiempos tan raros.
Excelente. Me ha encantado. toda una vida en tan poquitas y bien colocadas las palabras. Felicidades!!
Besicos muchos-
Muchas gracias, Nani
¡Gran micro, Mayte! De los que me gustan a mí: con retranca a tope. Hacía tiempo que no te leía… ¡Fuerte abrazo!
Hola, Jorge. ¡Gracias! Suelo pasar poco por aquí últimamente… ¡Un abrazo!
No se puede decir más y mejor con menos palabras. Un abrazo, Paco Mendoza
Muchas gracias, Paco. Un abrazo
De momento no se ha inventado la app para pegar el salto al más allá y poder hacer viral el estirar la pata y permanecer digamos que en un nicho o una urna. Qué lástima por los likes, ¿verdad?, que algunos/as parecen necesitar más que el oxígeno que respiramos.
Gracioso tu relato y ya por desgracia totalmente arraigado en esta loca realidad.
Besos, Mayte.
¡Qué bueno, leerte!! ¡!Cuánto tiempo!! Las redes sociales son un signo de nuestro tiempo, para bien y para mal. ¡Un abrazo!
Me acuerdo de una vez que alguien publicaba un post anunciando la muerte de cierto bloguero bastante conocido, que ya había suscitado cierta alarma por su prolongado silencio. Una de las personas que comentaban dejó esta estúpida —para mí— observación: Se me hace totalmente incongruente y extraño tener que dejar un ‘like’ en este post cuando se está informando de la muerte de este bloguero, y tener que decir que tal cosa, irónicamente ‘me gusta’.
Y yo pensé: ¿y por qué dejas un ‘like’, pedazo de gilipollas? ¿Acaso alguien te obliga?
A mí me resulta muy inquietante pensar que nuestra presencia en el ciberespacio nos sobrevivirá.. 😔
Pues habrá que hablar con San José para solucionar este problema jajaja. Supongo que una vez en el hoyo, no interesan los «likes», pero las RRSS son muy cautivas y no descartemos que los familiares del difunto reciben sus «likes». Un abrazo Mayte
¡Hola, Carlos! Likes heredados… No me gusta mucho esa herencia, jaja. Un abrazo