Hypochondria

píldorasMe recomendaron que visitara al doctor Humberto Martínez Silva, afamado médico internista cuya consulta se encontraba en una céntrica calle de Barcelona. Martínez Silva tenía fama de resolver los casos más extraños y complicados. Era una especie de doctor House a la española. O tal vez un sucedáneo del santuario de Lourdes para no creyentes. El día de la cita tomé el tren a primera hora y salí desde Madrid con la intención de visitar su consulta y regresar a mi ciudad por la tarde. Llevaba una carpeta en la que atesoraba todas las pruebas que me habían hecho durante los últimos cinco años y que era evidente que nadie había sabido interpretar con acierto, a juzgar por la persistencia de mis síntomas: ecografías, radiografías, resonancias magnéticas, análisis de sangre, biopsias… También llevaba un cuaderno donde tenía anotados por orden cronológico todos los tratamientos que había tomado hasta la fecha, ninguno de los cuales había logrado aliviarme.

Cuando llegué a la consulta, el doctor se tomó bastante tiempo en hacerme un cuestionario exhaustivo de todas mis dolencias, síntomas y problemas que había padecido desde el comienzo de la enfermedad. Me preguntó por las patologías que habían padecido mis familiares, retrotrayéndose casi hasta mis tatarabuelos. Después se entretuvo durante casi media hora en analizar los resultados de las pruebas. Finalmente, el doctor me miró con gesto serio y me dijo:

—Señor, se encuentra usted muy enfermo.

—Lo sé, doctor —respondí—. Por favor, dígame qué tengo.

—Tiene usted una enfermedad difícil de curar, pero no imposible.

—¿Cáncer? Es eso lo que tengo, ¿verdad?

—No. Lo que usted tiene se llama miedo.

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12 respuestas a Hypochondria

  1. carlos dijo:

    Que bueno Mayte, ¿El miedo a enfermar puede ser una enfermedad en sí misma? Recuerdo haber visto a Marsillac interpretando El Tartufo. Una pieza magistral sobre éste tema. Un beso.

    • Mayte Blasco dijo:

      Creo que en casos extremos, como el de mi personaje, el miedo a enfermar es sin duda una enfermedad. Y como todas las patologías psicológicas, debe de ser terrible padecer ésta.
      Creo que es “El enfermo imaginario” la obra a la que te refieres. Una gran pieza, aunque yo no la he visto interpretada.
      Muchas gracias por comentar, Carlos. Besos!!

      • carlos dijo:

        Pues estaba convencido de que vi El Tartufo. Como tengas razón tendré que revisar el fondo de armario. Ufff polvo de hace cuarenta años!!! Un beso.

  2. Es la peor de las enfermedades, creerse poseedor de todos los males. Así no se puede vivir.
    Muy bueno, Mayte! Un abrazo

    • Mayte Blasco dijo:

      Todas las enfermedades psicológicas son duras. Y muchas veces quienes las padecen se sienten incomprendidos, como el caso de la hipocondría. Gracias una vez más por comentar, Lidia. Besos!

      • carlos dijo:

        La enfermedad mental resulta incomprensible en sí misma incluso para el terapeuta cuando traza la línea ficticia que separa la normalidad de la patología basando el criterio en usos sociales. Las que hoy son alucinaciones, en otro tiempo y lugar, eran consideradas una bendición divina. Y no digo más que luego….Un beso.

  3. macalder02 dijo:

    Tocas un tema muy recurrente en estos tiempos. El alto índice de ansiedad, también provoca la enfermedad de tu personaje. Lo interesante de tu historia es que uno se queda embebido con el relato y lo dado como cierto. Ese es tu sello de lo bueno que lo haces.

  4. Muy bien tratado Mayte, el miedo como enfermedad, la patología del hiponcondríaco. Hace poco leí algo acerca de las ventajas sicológicas del uso de placebos para “enfermos” angustiados como el de tu relato. Un abrazo.

    • Mayte Blasco dijo:

      Muchas gracias, Carlos. Lo del placebo es curioso, aunque yo creo que eso no sirve para curar al hipocondríaco, sino solo para engañarlo. Quizás la curación tenga que basarse en una buena terapia psicológica. Muchas gracias por comentar!! Abrazos

  5. torpeyvago dijo:

    Genial, ese humor negro, tétrico casi, para contar este relato psicológico. Genial, ya te digo.

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