La bella durmiente

mujer dormida

Le gustaba mirar su belleza inmóvil mientras dormía: los párpados ocultando sus ojos grises, la piel pálida y estática, los labios cerrados dibujando un corazón alargado… La habitación era blanca, las sábanas blancas, la luz obscena tocaba su cuerpo blanco. Todos los días, le pedía a Dios que ella le siguiera amando cuando despertara.  Todos los días, le pedía a Dios que ella despertara. No faltaba nunca a esa cita diaria concertada de forma unilateral a pesar del enorme esfuerzo que le suponía desplazar hasta allí  su propio cuerpo roto. Nadie albergaba esperanzas, salvo su desesperada necesidad de pedir perdón.

21 comentarios en “La bella durmiente

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