Cómo acabar con una guerra

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Vladimir está solo en una esquina del patio. De su mochila saca una pistola de agua y una espada de plástico que venía con su disfraz de Luke Skywalker. Tiene también una pala que emplea ahora en excavar en la tierra seca del patio. Cuando suena el timbre, Vladimir aún no ha terminado su trabajo. Excava, excava, excava, pero su profesora se acerca y le dice que el recreo ya ha terminado.

-¿Qué estás haciendo? -le pregunta.

-Mi padre dice que para que la guerra acabe los rusos tenemos que enterrar las armas. Y eso es lo que estoy haciendo.

La profesora sonríe con tristeza. Está a punto de decirle que no es exactamente eso a lo que se refiere su padre, pero cambia de idea y se ofrece a ayudarlo.

Los dos excavan con ahínco hasta hacer un hoyo lo suficientemente profundo. Entonces Vladimir introduce la espada y la pistola y luego echa arena por encima. Después regresa a clase satisfecho, imaginando palomas y sonrisas y banderas blancas.

Mayte Blasco

32 comentarios en “Cómo acabar con una guerra

  1. Es precioso, Mayte, ojalá mantuviéramos la mirada limpia y la ingenuidad e inocencia de la infancia. Aunque al terminarlo he pensado que el pobre Vladimir ahora no tiene armas y los demás sí. Perdón por el pesimismo, es que acabo de leer las noticias.
    Un besote

  2. Ojalá todo fuera tan sencillo, ¿verdad?
    Desde luego que estamos presenciando algo espantoso, muy triste, demencial. No alcanzan los calificativos. Aunque pueda mostrarme muy ecuánime, por decirlo así, no es lo mismo ni de lejos que sentir indiferencia, Y en ese sentido me cuesta muchísimo normalizar la guerra. Me niego a ello, la rechazo. Seguramente no es lo más «sabio».
    Estoy escribiendo algo al respecto. Me saldrá largo. No es que quiera darle sentido a un sinsentido, porque no se puede.
    Un abrazo.

  3. Pingback: Samuel Barber: Adagio para cuerdas / Platoon / Vladimir el loco | ongakumymusic

  4. Te propongo una idea sobre la marcha, por si te animas a escribir una secuela lo bastante perversa. Cae un chaparrón y del hoyo en que quedaron enterradas las armas brota una planta, que con el tiempo acaba convertida en un árbol, un árbol frutal del que cuelgan, tentadoras, unas manzanas muy raras…
    Es un placer leerte, Mayte.

  5. Por lo menos nos deja esa esperanza de tener las herramientas tan sencillas para acabar con esta locura de guerra sin sentido. Como es tu costumbre, un excelente relato, lleno de mucho optimismo.
    Buen fin de semana Mayte.

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